De chico pedía comida en la calle y hoy salió a las calles de su barrio a ofrecer comida y alegría a todos los niños. Rafinha es esto. Un chico que prefiere pasar las fiestas entre su gente y alejado de glamour. Es millonario, reconocido mundialmente y juega en el Barcelona, pero el crack brasileño elige la humildad, el perfil bajo y la sonrisa de los niños de su barrio por delante de cualquier foco de fama.
No se fue a una lujosa isla a pasar la Navidad. Se fue a su barrio, a su ciudad, a Natal, en el corazón de Brasil, con ropa sencilla y el agradecimiento en el corazón para devolver un poco de todo lo que le dieron cuando él era un niño y también pedía comida en la calle. Entregó comida, artículos básicos de limpieza, ropa y muchas sonrisas y cariño. Le dio al barrio una celebración especial y mucho amor.