La misión Artemis II de la NASA marcó un hito sin precedentes: sus cuatro astronautas se convirtieron en los seres humanos que más lejos han llegado de la Tierra, superando un récord que llevaba intacto más de 50 años, el del Apolo XIII. Durante el sobrevuelo por la cara oculta de la Luna, recibieron incluso una llamada de la Casa Blanca, donde el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, los felicitó calificándolos como pioneros modernos.
Pero el momento más conmovedor ocurrió lejos de la política y más cerca del corazón. En medio del espacio profundo, los astronautas decidieron nombrar dos cráteres lunares y uno de ellos tenía un valor muy sentimental: fue bautizado como ‘Carol’ en honor a la esposa fallecida del comandante Reid Wiseman, quien no pudo contener las lágrimas en el momento.
‘Y si quieres encontrar este, miras a Glushko y está justo al noroeste de eso, a la misma latitud que el inicio, y es un punto brillante en la Luna… Carol y R’.
Ahora, con el récord marcado, la nave ya se dirige de regreso a la Tierra con aterrizaje previsto en el océano Pacífico. Una historia que demuestra que, incluso en el espacio, los logros más grandes también están llenos de humanidad y de amor.