Para muchos no es solo un partido, sino que es la vida misma, y por eso es que caemos en fanatismos. Cada 4 años, cuando viene el Mundial de fútbol, prácticamente se paraliza el mundo porque todo gira en torno a los deportes. El problema es que, cuando tenemos un fanatismo, también nuestra salud mental puede verse afectada si no estamos preparados. Un partido tiene algo muy bonito: nos permite sentir pertenencia, emoción y celebración colectiva. El punto está en que no pases la línea divisoria de la pasión al fanatismo.
Los especialistas aseguran que lo mejor que podemos hacer es guardar la calma y, sin embargo, pese a que tengamos esa pasión del fútbol, ser muy respetuosos con los demás y con los equipos por los que ellos van. No dejes de tener tiempos de descanso, no te obsesiones con toda la cantidad de noticias y estímulos externos. La calma depende de la forma como tú organices los mensajes que vienen del afuera, que todos son transitorios. Esto es lo que nos dice una especialista. La pasión te permite celebrar, te permite vivir en gozo, te permite frustrarte también transitoriamente si el resultado de tu equipo favorito no es el más favorable para ti y lo que esperabas; pero el fanatismo te hace perder los límites de ese criterio para que tú puedas relacionarte contigo y con el mundo de una manera serena.