Dicen que, cuando todos elevan la mirada al cielo con la misma ilusión, los sueños encuentran el camino.

Esta celebración bien mexicana es una afirmación, no es una pregunta. Es dejarte ir, soltar el cuerpo y confiar. Amigos y desconocidos confían en que ahí va a estar su equipo, esas manos que te impulsan porque te quieren ver llegar alto. Para atreverte a despegar, solo necesitas la certeza de que los tuyos nunca, nunca (o bueno, casi nunca) te van a dejar caer. Esto es parte de la magia del Mundial.

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