La misión Artemis II ya está en marcha y los cuatro astronautas ya están haciendo historia en nombre de la humanidad. Pero aquí va la verdad que pocos cuentan: el mayor reto no es el cohete ni el viaje, es el cuerpo humano.
Durante estos 10 días, la tripulación habrá salido del escudo protector de la Tierra y ahora están expuestos directamente a la radiación cósmica, un bombardeo invisible capaz de dañar el ADN, afectar el corazón y dejar consecuencias años después. En el espacio nada funciona igual como en nuestro hogar, la Tierra. Sin gravedad, los fluidos del cuerpo se desplazan hacia la cabeza, aumentando la presión en el cerebro, afectando la visión e incluso el sistema neurológico. Dormir, comer, hasta moverse se convierte en un reto constante.
El daño no se siente, ocurre en silencio; por eso esta misión no solo es una prueba tecnológica, es un experimento en tiempo real sobre los límites del cuerpo del ser humano.